Sally iba por la calle pensando en su padre, cuando se encontró con un hombre de unos 30 años más o menos, con una pipa y un traje de cuadros. Y este le preguntó:
- ¿ Sabe por dónde queda la casa del reverendo Bedwell ?
- Sí, pero no se puede entrar, ya que la policía está investigando allí. ¿ Sabe ? Usted se parece a aquél detective famoso que se llamaba... ¿ Cómo se llamaba ?...
- ¡ Elemental, querida señorita ! Soy Sherlock Holmes.
- ¡ Oh ! ¡ Qué gran honor ! Yo me llamo Sally Lockhart.
- Pues, buenos días, señorita Lockhart. ¿ Sabe ? Conocí a su padre. Está vivo. No se preocupe. Se esconde para evitar vuestro dolor.
- Ah. Gracias por decirmelo. Ahora me siento mucho mejor.
- Bueno, adiós señorita, tengo prisa.
- ¡Pero...!...
Y Sally se quedó con la palabra en la boca...
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